|
El montículo de la fortificación, con
un diámetro de unos 40 m., está integrado por una torre,
dos recintos amurallados y un gran patio. Su núcleo
central está formado por una torre de mampostería de
planta cuadrada, cuyos paramentos este y oeste conservan
una altura superior a los 7 m. y a cuyo interior se
accede mediante rampas embutidas en estrechos pasillos.
Dentro del área fortificada se
delimitan otros amplios espacios: un patio y dos grandes
recintos separados por una línea de muralla intermedia.
En el interior del patio, de planta trapezoidal, los
habitantes del Azuer excavaron un pozo, que perforó la
terraza aluvial hasta alcanzar el nivel freático y
abastecía de agua al asentamiento. Esta estructura
hidráulica se mantuvo en uso durante todo el periodo de
ocupación del yacimiento y alcanza por el momento una
profundidad de unos 16 m. desde la cima de la torre.
El recinto intermedio ocupa la mitad
occidental de la fortificación entre la muralla
intermedia y el paramento exterior del pasillo que
circunda la torre. La funcionalidad de este recinto
experimentó variaciones durante las distintas fases de
ocupación del yacimiento, utilizándose como zona de
estabulación ocasional de ovejas, cabras y cerdos y
especialmente como almacén de cereales (cebada y trigo),
con la aparición silos de planta rectangular con
estructura de mampostería y barro, sistema que se
sustituye por el almacenamiento en grandes vasijas y
capachos de esparto en las fases de ocupación más
recientes.
Las líneas de muralla más externas
presentan unas características constructivas de gran
interés por el desplome que experimentan sus paramentos
hacia el interior de la fortificación, lo que plantea
una serie de interrogantes sobre los sistemas
constructivos del yacimiento y la dinámica de los
mismos. En el interior del recinto delimitado entre las
murallas exterior e intermedia se fueron construyendo a
lo largo de la ocupación del yacimiento numerosos hornos
de planta circular u oval con zócalos de mampostería y
cubierta abovedada de barro, así como silos
rectangulares para el almacenamiento de cereal.
La línea de fortificación más
externa, circular y concéntrica a los sistemas de
fortificación interiores, ofrece en su última fase de
construcción un paramento ciclópeo de bloques de caliza.
El acceso al interior de la fortificación desde el área
del poblado se realizaba a través de pasillos paralelos
a las murallas.
El hábitat se sitúa al exterior de la
fortificación en un radio de unos 50 metros. Las
viviendas ofrecen planta oval o rectangular, con zócalos
de mampostería y alzados de barro con postes embutidos.
Del interior de una de ellas procede un conjunto de
vasijas de almacenaje de pequeño y mediano tamaño que
formaba parte de un vasar situado junto a la puerta.
Asociadas a las casas se documentan grandes áreas
abiertas dedicadas a actividades de almacenamiento y a
trabajos de producción, en las que se localizan una alta
concentración de fosas y restos de hogares u hornos. En
la campaña de excavaciones del 2005, se ha documentado
una amplia superficie con grandes fosas rellenas de
desechos, destacando un alto porcentaje de huesos de
caballo, fundamentalmente pezuñas, huesos de las
extremidades y mandíbulas que pueden proceder del
descuartizamiento primario de estos animales.
La distribución de la necrópolis de
la Motilla del Azuer coincide con el área del poblado,
siguiendo un patrón corriente en la mayoría de las
culturas de la Edad del Bronce Peninsular.
Los difuntos se inhumaban en posición
encogida, dentro de fosas simples o en fosas revestidas
por muretes de mampostería o lajas hincadas, que a veces
se adosan a los muros de las casas o a los paramentos
exteriores de la fortificación. Algunos niños se
enterraron en el interior de vasijas. Los ajuares son
escasos y poco representativos, salvo en casos
excepcionales de individuos adultos enterrados con vasos
de cerámica, un puñal de remaches de cobre arsenicado y
un punzón de este mismo metal.
El estudio de los restos
antropológicos muestra una representación completa de
ambos sexos y de todos los segmentos de edad. Análisis
especializados han permitido obtener información sobre
las paleopatologías de esta población, que sufrieron
procesos infecciosos relacionados con problemas de
salubridad y estrés nutricional.
A partir de los resultados obtenidos
en las excavaciones de la Motilla del Azuer, se deduce
que estos yacimientos arqueológicos estaban ocupados
durante la Edad del Bronce por un grupo reducido de
población, que habitaría en las viviendas situadas en
torno a la fortificación. La gran inversión de trabajo
que implica la construcción y mantenimiento de sus
murallas excede de las necesidades de los grupos que
ocupaban este tipo de asentamientos. Todo ello unido a
la regularidad de su implantación en el territorio y a
la presencia de otros tipos de asentamientos
contemporáneos, como los poblados de altura situados en
las sierras vecinas, obliga a plantear la existencia de
un sistema político con una importante jerarquización
social. |